He visto la serie que me recomendaste. Siempre el mismo día.
Nunca supe si te referías a la película o la serie. Creo que mencionaste algo de Netflix.
Borré la conversación.
Vi la serie.
Al principio no supe por qué la recomendación. Sé que antes te había mandado la recopilación de la historia de Sofía y Paula en Citas. El tiempo. La espera. La vida que pasa. El sentimiento inevitable. Los reencuentros. Lo innegable. Tuve la necesidad de mandártelo. No supe si hice bien. No respondí a tus preguntas. Quise evitar el siguiente no lo sé. Han sido tantos ya. Porque de verdad que no lo sé. No sé si tienen que pasar tantos años, no sé si debe para ninguno más, no sé hasta cuando. No sé si te casarás, ni si me enteraré, ni qué supondrá. No sé si lo haré yo. No sé si te lo diría, ni qué supondría. Por eso no contesté. Porque siento que el silencio hace menos daño que todo lo que podríamos decirnos. Que el silencio congela la situación y no nos mueve de donde estamos. Es egoísta, pero me hace sentir a salvo.
Lo hoyuelos de Paula. Ahí también estás.
Siempre el mismo día también es eso. El vínculo de dos personas que no se encuentran en nadie más, que acotan el sentimiento en una amistad que se escuda en que no es el momento, en una distancia que les ampara para vivir todo lo demás, y reencontrarse, y contarse sin filtros, y dolerse de cada uno. Esos silencios después de contarse cada experiencia. Y los ritmos. Cuando él va consiguiendo todo lo que se propone y ella no, la admiración, las inseguridades, discutir, no entenderse. Estuvimos ahí tantas veces. Y siempre que regresas y me preguntas y te digo que estable, y me lo reprochas y sólo intento ser sincera, no ocultarte nada, sigo mejorando cosas. No mereces otra cosa que no sea la verdad. No alcanzo la plenitud porque la alejo de mí, me gusta rozarla con los dedos, puedo vivir sin ella, no radica ahí mi felicidad. Convierto los círculos en espirales infinitas, no hay punto de cierre, y eso nos atrapa. Y eso hace que siga escribiendo aquí. Siento haberte puesto en ese lugar, en este, donde sea que estés ahora. No sé si sigues estando. A veces evito preguntártelo. A veces agradezco haber olvidado ciertas cosas. Otras veces me avergüenzo. Recuerdo tu cumpleaños, aunque no te lo felicite. No recuerdo tu edad ¿35 o 36?

No voy a ser una nota al margen.
Escribiendo esto ha sonado justamente el pensamiento circular, de Iván Ferreiro:
Hay algo retorcido
Desde esta alegre impunidad
Hay noches
Proclives a las averías
Que pienso en ti
El pensamiento circular
Con la cabeza vacía
Hay noches
Que todo es una porquería
Y pienso en ti
Y luego ha sonado el equilibrio es imposible:
Si cada vez que vienes me convences,
me abrazas y me hablas de los dos.
Y yo siento que no voy,
que el equilibrio es imposible cuando vienes
y me hablas de nosotros dos.
No te diré que no,
yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo.
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